De lo íntimo a lo social

La escultura creada en el Simposio de 2010 por el artista Guillermo Losano, vecino de Mendiolaza, fue recientemente puesta en valor y reinstalada frente a la sede de Unquillo de la Cooperativa de Agua, Obras y Servicios Públicos Unquillo-Mendiolaza. Aunque la figura parece dialogar directamente con el agua —y así la interpreta la mayoría del público— su origen es mucho más íntimo, profundo y conmovedor.
La pieza, realizada en hierro y chatarra, representa a una figura estilizada que eleva un recipiente del que cae una gota. El público suele asociarla con la escasez hídrica, la última gota o el llamado al cuidado del agua. Pero Losano revela otro significado, uno marcado por la memoria y por un sueño repetido desde la infancia.
“Era un sueño recurrente que yo tenía”, explicó Losano. “Cuando tenía 8 años mi padre desapareció en un vuelo en Centroamérica… yo lo soñaba sobreviviendo en la selva y esta era la imagen que se me repetía”.
La inauguración del reemplazamiento estaba prevista para el jueves pasado pero se supedió por razones climáticas. El acto se realizará el próximo jueves en Av. San Martín 2904.
Un símbolo con dos lecturas: el diálogo entre la mirada pública y la historia personal
La escultura condensa ese cruce entre la interpretación colectiva y la experiencia íntima del autor. Losano reconoce que el público se apropia de la obra —igual que sucede con una canción— y la resignifica desde sus propias vivencias.
“La gente la ha significado como la última gota de agua, como que hay que cuidar el agua”, dice el artista, destacando cómo la pieza adquiere sentido nuevo al ser observada en un contexto donde el agua es un recurso crítico para las Sierras Chicas. Pero, como señala evocando a Roland Barthes, “la muerte del autor hace que la obra tome otros sentidos y mi motivación queda en un segundo plano”.
El caso TC-48: la tragedia que marcó la biografía del escultor

El trasfondo personal que dio origen a esta obra se ancla en uno de los episodios más enigmáticos y dolorosos de la historia aeronáutica argentina: la desaparición del avión militar TC-48.
El 3 de noviembre de 1965, el Douglas C-54 “TC-48” de la Fuerza Aérea Argentina desapareció en Centroamérica mientras transportaba a 68 personas —cadetes de la Escuela de Aviación Militar y tripulantes— entre ellos, José Carlos Losano, padre del escultor.
Minutos después del despegue desde Panamá, la aeronave reportó fuego en un motor y fallas eléctricas. Fue la última comunicación. Desde entonces, el avión nunca apareció.
La versión oficial —sostenida por Argentina y EE. UU.— afirmó que había caído al mar y que los cuerpos fueron devorados por tiburones. Pero esa hipótesis se basó en pruebas falsas, algo que los familiares denunciaron desde el inicio.
Durante décadas, llevaron adelante búsquedas propias en la selva de Costa Rica y Panamá, persuadidos de que el avión cayó en tierra y que pudo haber sobrevivientes. El expediente oficial del caso terminó “extraviado” en 1981, lo que sumó aún más sombras y dolor.

A 60 años de la tragedia, la Legislatura de Córdoba realizó el primer homenaje formal a las víctimas y a sus familias, reconociendo “su incansable lucha por la verdad y la memoria”.
José Carlos Losano, el padre Guillermo, era médio de Aeronáutica y desapareció con el avión. Es ese vacío, esa ausencia, esa imagen de la supervivencia perdida en la selva la que se infiltró en los sueños de un niño de ocho años y tomó forma, décadas después, en el metal golpeado y soldado de una escultura.
La obra en el espacio público: apropiación, contacto y vida cotidiana
Más allá de esta raíz íntima, la obra de Losano vive en el espacio público en diálogo con la comunidad. El artista sostiene que no piensa sus piezas para un tipo específico de interacción, aunque celebra cuando la ciudadanía se las apropia.
Sobre su caballo del Paseo del Río en Mendiolaza, recuerda: “Me parece bien que la gente toque las esculturas y se las apropie… los chicos se solían subir y la trabajé para que pudieran hacerlo con seguridad”.
La instalación frente a la cooperativa refuerza ese vínculo: una obra nacida de una historia personal conmovedora resignificada colectivamente en un territorio donde el agua y su preservación forman parte de la vida diaria.
Presencia en Mendiolaza y nuevos proyectos
Además de esta pieza, Losano tiene otras obras en Mendiolaza, como la escultura trabajada sobre el tronco de los viejos plátanos de la Avenida San José de Calasanz, hoy deteriorada por el paso del tiempo, y el ya mencionado caballo del Paseo del Río.
Actualmente trabaja en “una escultura de una bicicleta” y en piezas destinadas a edificios de Córdoba, donde una ordenanza exige incluir arte público proporcional al tamaño de las nuevas construcciones.

Muy conmovida por la historia de Guillermo Losano, vecino de Valle del Sol. Recuerdo cuando desapareció el TC48 con los estudiantes de la Escuela de Aviación. Era una niña. Mi madre iba a la iglesia a rezar por ellos.