Karate en Mendiolaza

El primer examen sin Eduardo Burgos

Karate en Mendiolaza
El primer examen sin Eduardo Burgos

La escuela de karate de Mendiolaza atravesó un momento especial y cargado de emoción: por primera vez, los alumnos rindieron un examen de cambio de cinturón sin la presencia de su fundador y maestro, Eduardo Burgos. La ceremonia marcó un nuevo capítulo para una escuela que busca continuar el camino que él construyó durante años y que hoy tiene al frente a Juan Carlos Kerloff, su hija Lucía y Diego Luna.

La jornada no fue un examen más. Para quienes están a cargo del dojo, significó asumir por primera vez la responsabilidad de ocupar el lugar de quienes durante años aprendieron y enseñaron bajo la guía de Burgos.

“Fue la primera ceremonia, digamos, sin el proceso Burgos. Por eso fue tan importante y tan emocional para todos”, explicó Lucía Kerloff, una de las responsables actuales de la escuela.

Cinco alumnos rindieron el examen

En esta primera instancia participaron cinco alumnos. El resto de los estudiantes de la escuela, que actualmente son aproximadamente 15, tiene previsto rendir a fin de año, en diciembre.

En karate, el examen representa el paso hacia un cinturón superior. Los alumnos deben demostrar que conocen y dominan las técnicas correspondientes al nivel al que aspiran llegar.

“Los chicos pasan un cinturón superior y demuestran las técnicas que conocen y saben y deben conocer para el nivel de cinturón al que van a pasar”, detalló Kerloff.

La evaluación incluye avances, bloqueos, golpes, patadas y movimientos de ataque y defensa que deben ejecutarse de manera combinada. También existe un programa específico de requerimientos para cada cinturón.

Además, los alumnos realizan un kata, una serie de movimientos de ataque y defensa ejecutados de manera coordinada frente a oponentes imaginarios, y deben demostrar distintas técnicas de golpes y patadas. El objetivo no es solamente completar una secuencia, sino evidenciar que las técnicas fueron aprendidas y que pueden ser dominadas para avanzar hacia nuevos contenidos.

La emoción de rendir sin su sensei

Para Lucía, Juan Carlos y Diego Luna, la ceremonia tuvo una carga emocional particular. Durante años, Burgos había sido la guía de la escuela y quien ocupaba el lugar central durante los exámenes.

“Estamos muy nerviosos, queremos que salga todo bien”, contó Lucía. Sin embargo, aclaró que el resultado de los alumnos no era lo que más preocupación les generaba: quienes entrenan habitualmente conocen el esfuerzo de cada chico y entienden que un error durante el examen forma parte del aprendizaje.

La mayor responsabilidad estaba puesta en la organización y en asumir el nuevo rol.

“Es la primera vez que tomamos un examen sin nuestro sensei, sin nuestra guía”, señaló Kerloff. Y agregó que también significó dejar atrás aquella situación en la que ellos estaban en un aula separados y pasar a ser quienes tienen la responsabilidad de conducir la evaluación: “Nosotros somos los maestros acá, nosotros somos los responsables a cargo”.

Esa nueva posición, explicó, representa una responsabilidad que los tres asumen con seriedad y respeto.

Continuar las enseñanzas de Eduardo Burgos

La ausencia del maestro no implica para la escuela abandonar su manera de enseñar. Por el contrario, Lucía explica que la intención es continuar transmitiendo aquello que Burgos les inculcó durante años.

“Nosotros tres estamos continuando, digamos, todo lo que el maestro Burgos nos enseñó a nosotros”, afirmó.

Entre esos principios menciona la humildad, el respeto, los valores y la disciplina. Son conceptos que, para Kerloff, exceden ampliamente la práctica deportiva y forman parte de una enseñanza para la vida.

En su propio caso, comenzó a practicar karate desde muy chica y considera que la disciplina aprendida en el dojo tuvo una influencia importante en su crecimiento personal.

“Me ordenó un poco las ideas en el karate para la vida”, resumió.

La continuidad de la escuela queda así en manos de tres personas: Lucía, su papá Juan Carlos y Diego Luna, compañero de muchos años de Burgos y también parte de la historia del dojo.

El karate como herramienta para la vida

Uno de los aspectos que Lucía destaca de la enseñanza del karate es que sus resultados no necesariamente pueden medirse solamente dentro del dojo.

La disciplina, sostiene, también puede observarse en la manera en que los chicos evolucionan, ganan confianza, desarrollan su carácter y trasladan esos aprendizajes a otros ámbitos.

“Voy a empezar a ver que el alumno se entusiasma por venir, que le gusta, que presta atención, que le pone también alma y corazón a hacer las cosas acá del dojo”, explicó.

Para Kerloff, el crecimiento personal también aparece cuando un chico tímido comienza a relacionarse más con sus compañeros y adquiere mayor seguridad.

Ella misma pone su experiencia como ejemplo. Cuando era chica, cuenta, el karate la ayudó a desarrollar una confianza que antes no tenía.

“Eso a mí me dio mucha más confianza en mí”, recordó.

Pero también señala que los cambios son visibles en los propios alumnos. Recuerda casos de chicos cuyos padres llegaban preocupados porque tenían dificultades en la escuela y que, con el tiempo, comenzaron a prestar más atención, escuchar, esforzarse y mostrar mejores resultados.

“Es como que no es un solo aspecto, sino de alguna forma integral, no solo acá dentro del espacio de karate, sino en su vida diaria”, sostuvo.

Menos alumnos y un nuevo lugar para el dojo

La escuela de karate de Mendiolaza también atraviesa un cambio en cuanto a la cantidad de alumnos. Lucía reconoce que actualmente el número se redujo de manera considerable.

Sin embargo, explica que no se trata exclusivamente de una menor decisión de las familias de enviar a sus hijos a practicar karate. Uno de los factores centrales está relacionado con el cambio de ubicación del dojo.

Durante muchos años las clases se dictaron en el salón municipal ubicado junto a la Municipalidad de Mendiolaza, un espacio visible y de fácil acceso para quienes transitaban por el centro de la ciudad.

Actualmente, la escuela funciona en un espacio ubicado en kilómetro 16, en el Centro de Jubilados. La modificación de la ubicación tuvo impacto porque buena parte de los alumnos son chicos que viven en las inmediaciones y llegan al karate acompañados por sus familias.

También existe, según Kerloff, un cambio cultural en la manera en que algunas familias observan el contacto físico propio de las artes marciales.

Recuerda que cuando ella era chica sus padres consideraban importante que practicara karate para aprender un arte marcial y adquirir herramientas para defenderse. Al mismo tiempo, reconoce que actualmente algunos padres pueden sentir preocupación ante la posibilidad de que sus hijos reciban un golpe durante una clase.

Pero para ella, ese contacto controlado también forma parte del aprendizaje: entender que se puede recibir un golpe, tolerarlo y seguir adelante contribuye a desarrollar carácter y confianza.

“Me pegan, pero yo puedo aguantar ese golpe. No es tan fuerte, no es tan grave, y puedo aprender”, ejemplificó.

Dónde y cuándo se practica karate en Mendiolaza

Actualmente, las clases de la escuela se realizan los martes y jueves en el Centro de Jubilados ubicado en calle 6 al 450 aproximadamente, en kilómetro 16 de Mendiolaza.

La actividad está organizada por edades. Los más pequeños entrenan de 18:30 a 19:30, mientras que el grupo de adolescentes y mayores tiene clases de 19:30 a 21.

Son alrededor de 15 los alumnos que actualmente forman parte de la escuela, aunque no todos participaron de este primer examen. Cinco rindieron en esta oportunidad y el resto tiene previsto hacerlo en diciembre.

Una escuela que busca mantener viva una historia

El primer examen sin Eduardo Burgos fue, para la escuela de karate de Mendiolaza, mucho más que una instancia técnica. Fue una prueba para quienes quedaron al frente del dojo y una manera de comenzar a construir una nueva etapa sin dejar atrás las enseñanzas recibidas.

Lucía Kerloff, Juan Carlos Kerloff y Diego Luna asumieron ese desafío desde la continuidad: mantener la enseñanza de la humildad, el respeto, los valores y la disciplina que recibieron de Burgos y trasladarla a las nuevas generaciones.

La ceremonia dejó también una certeza para quienes forman parte de la escuela: aunque el maestro ya no esté físicamente, su manera de entender el karate continúa presente en quienes aprendieron de él y ahora tienen la responsabilidad de enseñar.

Y en ese proceso, el objetivo parece ser que el karate siga siendo, como lo fue para Lucía desde chica, mucho más que una actividad física: una herramienta para crecer, desarrollar confianza y aprender a enfrentar la vida.

La nota completa realizada en el programa Se hace tarde, por la 102.7 FM Demendiolaza, puede escucharse aquí.

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