El aula y la calle como espacios de resistencia

A once años de la primera movilización nacional, las calles del corredor de Sierras Chicas volvieron a teñirse de violeta. En un contexto de profunda conmoción y debate social, la comunidad de Unquillo, y alrededores, junto a una masiva delegación de vecinos, docentes y estudiantes de Mendiolaza confluyeron en una histórica marcha regional de “Ni Una Menos”.
Una marea violeta que desafió al clima y llevó el debate al espacio público

A pesar de una jornada climática fría y lluviosa, el playón de la Municipalidad de Unquillo se convirtió en el epicentro de una gran columna que marchó hacia la Plaza Alem, impulsada por una estadística dolorosa que sigue golpeando con crudeza: en el país se continúa registrando un femicidio cada 31 horas.
La conmoción por el reciente femicidio de Agostina Vega, que conmocionó al país, también encontró su caja de resonancia en las Sierras Chicas. De esta forma una gran cantidad de vecinos y vecinas autoconvocados se sumaron para visibilizar el dolor, la indignación y el reclamo colectivo frente a la violencia de género. La iniciativa surgió de forma espontánea entre aquellas personas que, por diferentes razones, no pudieron trasladarse a las actividades previstas en la marcha central en la capital provincial, decidiendo elevar sus reclamos, y reflexiones en su propio territorio.
La movilización contó con un particular respaldo institucional previo: el Ministerio de Educación de la Provincia de Córdoba autorizó el retiro temprano de estudiantes, docentes y personal no docente para facilitar la participación. Esta medida permitió que la comunidad educativa trasladara los debates urgentes desde las aulas directamente al espacio público.
El eje en las aulas: concientización frente a la emergencia social.
Rosa Cativa, vecina activa de Mendiolaza y docente con 20 años de trayectoria en el IPEM 317, relató el profundo impacto y la susceptibilidad que atravesó a la comunidad escolar. Para Rosa, se viven momentos clave para reflexionar, y destinar espacios de clase a debatir las inquietudes y necesidades urgentes que conmocionan e interpelan a los jóvenes, como la violencia de género, las desapariciones de menores y las relaciones violentas.
“Estar al frente de cursos de 37 alumnos nos da la posibilidad de chequear qué saben, cómo viven en sus familias y cómo naturalizan o no la violencia”, explicó la docente. Rosa a su vez, enfatizó que la aplicación de la Educación Sexual Integral (ESI) y los talleres vivenciales en la escuela siguen siendo las herramientas más efectivas para romper el silencio, permitiendo muchas veces que las alumnas identifiquen situaciones de violencia intrafamiliar y se animen a buscar ayuda o realizar denuncias formales.
La docente advirtió también sobre el complejo escenario político actual, caracterizado por el desfinanciamiento de las redes de refugio y la disolución de los ministerios específicos de atención a las víctimas a nivel nacional, decisiones que calificó como preocupantes desaciertos que ignoran la realidad territorial. “La escuela sigue siendo un lugar de gran contención social, y no nos vamos a correr de ese lugar”, afirmó, destacando los desafíos para la comunidad educativa, en un contexto donde las familias a veces delegan toda la formación de valores en la institución escolar.
Desnaturalizar la jerga: el trabajo diario del “uno a uno”
Rosa destacó que el avance cultural en la juventud no es lineal y depende fuertemente de los núcleos familiares.
Advirtió con preocupación cómo ciertas jergas y agravios discriminatorios basados en orientaciones sexuales o condiciones de salud siguen emergiendo de manera naturalizada entre los adolescentes. “Es una tarea permanente, de uno a uno. Hay que tomar la cola del barrilete, pararse firmes frente a ese comentario en el aula y desnaturalizar el insulto”, detalló.
Por ello, el IPEM 317 debió reestablecer pautas claras y límites firmes a través de Consejos de Convivencia y Centros de Estudiantes, restituyendo una noción de autoridad que resulta indispensable para guiar el desarrollo saludable durante la adolescencia.
La marea violeta que desafió al clima en Unquillo.

La marcha del “Ni una Menos” se vivió intensamente en Unquillo. Teresa Mónaco, vecina de Mendiolaza, junto a su compañero Walter Echenique, compartieron su testimonio sobre una convocatoria que dejó a los organizadores completamente impresionados por su masividad.
“La congregación de personas fue inmensa, superó cualquier expectativa y estuvo muy lejos de ser una manifestación integrada exclusivamente por mujeres”, relató Teresa, sorprendida por la concurrencia de familias de diversas localidades vecinas.
Walter destacó también la sorpresa, por la gran participación de hombres en la marcha, resultando una fotografía de una problemática, y preocupación que atraviesa y une a toda la sociedad.
La multitud marchó bajo la lluvia a lo largo de la doble avenida unquillense con velas y antorchas. Al llegar a la Plaza Alem, los organizadores contaban con la posibilidad de sumar opiniones a micrófono abierto, como espacios de reflexión compartidos. También se armó un lugar para resaltar los nombres de las víctimas de Sierras Chicas y el pedido de un Estado presente en el cuidado de la vida, como también del cumplimiento de normativas vigentes, alertas, y otras medidas por parte del Estado.
Nuevas masculinidades y el entramado económico-judicial
Walter Echenique destacó un elemento diferencial en los diálogos espontáneos que se gestaron entre los asistentes: la discusión en torno a la construcción de una “masculinidad responsable” y antipatriarcal.
“Mientras que del rol femenino ya venimos hablando hace tiempo, nos llamó la atención constatar cómo los hombres en la marcha conversaban activamente sobre la necesidad de interpelar sus propios privilegios y asumir una responsabilidad directa en la prevención de hechos violentos”, señaló.
Asimismo, las reflexiones recogidas reflejaron una mirada transversal que vincula la violencia de género con las crisis económicas y jurídicas vigentes. Entre los manifestantes circuló una fuerte coincidencia respecto al descreimiento generalizado en el sistema judicial, al que perciben poco confiable, y la preocupación por cómo la economía deteriora los lazos comunitarios.
Echenique señaló, “como hecho cultural esto se toca con lo económico, con lo jurídico. Si una cosa está rota es porque lo otro no está del todo sano. La justicia, decimos que creemos pero que la miramos de reojo y sabemos que no es muy confiable
Finalmente, Mónaco cerró como reflexión, que “uno observaba que hay hilos que no parecen verse pero son los conectores que hacen que el pueblo decida salir encontrarse conversar abrazarse mirarse y necesitar expresarse”.
