El costo oculto de alejarse de Córdoba

El sueño de mudarse a las Sierras Chicas —más verde, más tranquilidad y menos costos— fue durante años una decisión lógica para muchas familias del Gran Córdoba. Sin embargo, ese equilibrio parece haberse modificado. Un análisis del periodista Pablo Giletta, retomado en diálogo con Radio Demendiolaza, pone en cuestión una idea instalada: hoy, vivir en Mendiolaza no necesariamente implica un ahorro.
De la “ciudad campo” al nuevo escenario económico
Durante décadas, mudarse a localidades del Gran Córdoba fue sinónimo de ahorro y mejor calidad de vida. En ese marco, Mendiolaza se consolidó como una alternativa atractiva frente a la ciudad de Córdoba. Naturaleza, seguridad y menor costo de vida eran parte de una ecuación que cerraba. Sin embargo, ese escenario comenzó a cambiar.
“Ese ahorro que puede llegar a tener una persona que consigue un lote, o alquilar, o comprar una casa en el Gran Córdoba, es un ahorro que es en teoría nomás porque en la práctica se diluye muy rápidamente”, explicó Giletta.
El periodista Pablo Giletta lo analizó en un informe reciente en diario Perfil y lo explicó en una entrevista radial: el supuesto ahorro de vivir fuera de la ciudad hoy “es en teoría”, porque en la práctica se diluye rápidamente.
El ahorro inicial que se evapora en el día a día
Según Giletta, el punto de partida es claro: vivir en el Gran Córdoba puede implicar un menor costo de acceso a la vivienda.
En términos generales, el acceso a la vivienda en el Gran Córdoba puede resultar más conveniente que en la capital: las propiedades presentan valores que, en promedio, son hasta un 30% más bajos, mientras que los alquileres pueden llegar a ser incluso hasta un 40% más económicos, al menos en una primera mirada.
En Mendiolaza la diferencia suele ser aún menor. Mientras el alquiler de una casa de tres dormitorios en la zona norte de Córdoba puede ir, en promedio, entre $900.000 y $1.200.000, en El Talar va entre $800.000 $1.100.000. La menor oferta de alquileres es una de las variables clave para este achicamiento de la diferencia.
Sin embargo, esa ventaja inicial tiene una contracara.
“Todos los días pagás un 30% más para trasladarte a la ciudad”, explicó el periodista, en referencia al costo del transporte interurbano frente al urbano de Córdoba.
El 30% promedia Giletta para todo el Gran Córdoba, para Mendiolaza se supera con creces . Mientras el boleto urbano en la ciudad de Córdoba tiene un costo de $1.7200, el del interurbano desde Mendiolaza es de $3.600
El resultado es una ecuación que se equilibra rápidamente: lo que se ahorra en vivienda se pierde en gastos cotidianos.
El análisis no se limita al precio del boleto. Giletta introduce una variable clave: el tiempo.
Quienes viven fuera de la ciudad suelen sumar alrededor de una hora extra diaria de traslado, ya sea por trabajo, estudio o acceso a servicios.
“Ese tiempo también es dinero. Es un saldo invisible, pero tiene su peso”, señaló.
Servicios centralizados: la dependencia que persiste
Otro de los factores que incide en el costo real de vivir fuera de la ciudad es la dependencia de la capital para acceder a servicios clave.
Giletta remarcó que, en muchos casos, el traslado a Córdoba es inevitable para:
- Atención médica especializada
- Estudios universitarios
- Trámites y servicios específicos
Incluso tratamientos médicos comunes pueden requerir viajes frecuentes, lo que incrementa tanto el gasto como el desgaste.
Este fenómeno genera decisiones particulares: por ejemplo, familias que optan por pagar educación privada cercana antes que aprovechar opciones gratuitas en la ciudad, simplemente para evitar los traslados.
Infraestructura que no crece al ritmo de la población
El crecimiento de las localidades del Gran Córdoba no siempre estuvo acompañado por una mejora proporcional en los servicios.
“El transporte no recuperó en muchos casos la frecuencia previa a la pandemia”, explicó Giletta, señalando una de las consecuencias más visibles.
Pero no es el único punto. También aparecen déficits en servicios básicos: la diferencia entre el costo del gas en garrafa y el gas natural, los mantenimientos del sistema sanitario ante la falta de cloacas, el gasto en mantenimiento del automotor, etc.
Este desfasaje refuerza el costo de vivir fuera de ella.
Municipios con recursos limitados
A pesar del crecimiento poblacional, los municipios enfrentan dificultades para responder a la demanda.
Consultado sobre estrategias locales para revertir esta situación, Giletta fue directo: “prácticamente ninguna”.
La explicación radica en la falta de recursos. Incluso cuando aumenta la coparticipación, muchas veces no alcanza para cubrir las necesidades derivadas del crecimiento.
El diagnóstico es claro: se trata de un sistema que se retroalimenta. Para que una localidad crezca de manera autónoma necesita inversión y servicios. Pero sin recursos suficientes, esa inversión no llega. Y sin desarrollo, la población sigue dependiendo de la ciudad.
“Es un círculo vicioso que parece no tener fin”, sintetizó Giletta.
