San Alfonso del Talar con sello femenino

En un contexto donde la presencia de caballos en la vida cotidiana de Mendiolaza se ha vuelto cada vez más excepcional, un espacio mantiene viva esa tradición y la proyecta hacia nuevas generaciones. Se trata de San Alfonso del Talar, el único club de equitación de Sierras Chicas creado y gestionado exclusivamente por mujeres.
Desde la enseñanza a niños desde los dos años hasta la formación de jinetes de nivel competitivo, el club se consolida como un proyecto educativo, deportivo y social con una fuerte impronta de género.
Un club fundado y sostenido por mujeres
La historia del club comenzó en 2015, tras las inundaciones que afectaron la región. En ese contexto, Carolina Ratti —fundadora y titular— encontró la oportunidad de relocalizar y hacer crecer su proyecto.
“Siempre fue mi sueño tener un club de equitación”, explica. A partir de ese momento, comenzó a trabajar la tierra, armar la pista y dar clases, con una creciente participación de niñas y jóvenes de Mendiolaza y localidades cercanas.
Con el tiempo, ese proceso derivó en algo más amplio: la formación de nuevas profesoras dentro del mismo espacio.
Sin haberlo planificado inicialmente, el proyecto tomó una identidad particular: todas las personas que lo sostienen son mujeres.
“Muchas veces me dijeron que por ser mujer iba a ser difícil llevar adelante un club así”, recuerda Ratti. Sin embargo, el crecimiento del espacio demostró lo contrario.
Hoy, el club no solo funciona, sino que también forma docentes que luego continúan trabajando allí, transmitiendo conocimientos y experiencia a nuevas generaciones.
La equitación: técnica, no fuerza
Uno de los aspectos que el equipo destaca es la transformación cultural dentro del mundo ecuestre.
Históricamente vinculado a lo masculino. “Antes la mujer ocupaba un lugar prácticamente de de la cocina y siempre estaba atrás del hombre. Hoy en día ya no es así y está claramente visto. Hoy una mujer maneja un tractor, siembra, está delante de un campo, eh, maneja sus animales, maneja ganado. Inclusive en la exposición de caballos, las mujeres son las que arrea vacas, hacen pruebas de tacho. Hoy la mujer está adelante, está a la par del hombre”, sostiene la fundadora del Club San Alfonso del Talar.
Los cambios de época llegaron también a la equitación que se reconoce como un deporte donde la técnica es central y donde mujeres y hombres compiten en igualdad de condiciones.
“La equitación es el único deporte donde ambos sexos compiten a la par”, subraya Ratti. Y agrega que el trabajo con caballos ya no se basa en la fuerza, sino en técnicas más respetuosas y precisas.
Formación profesional y acompañamiento personalizado
El club apuesta fuertemente a la formación. Las profesoras que enseñan comenzaron como alumnas y luego se capacitaron a través de la Federación Ecuestre Argentina, que certifica la aptitud para la enseñanza.
“Hoy la Federación de Equitación Argentina es la única que otorga una titulación y certificado en el cual reconoce que el personal está apto y capacitado para dar las clases con tal responsabilidad. Porque es es mucha responsabilidad el tener un niño eh y enseñar educar y poderle dar las herramientas que necesita correctas”, explica Ratti.
Además, complementan su formación con estudios en áreas como psicología y prácticas en distintos ámbitos, lo que les permite adaptar la enseñanza a cada etapa de la vida.
“El acompañamiento es totalmente personalizado”, explica Ester Zapotoczny, quien destaca que el aprendizaje es mutuo: tanto docentes como alumnos crecen en el proceso.
Desde los 2 hasta los 80 años: una propuesta inclusiva
Uno de los rasgos más distintivos del club es su amplitud etaria.
Según cuenta Chiara Chialvo, el alumno más pequeño tiene menos de dos años, mientras que la persona de mayor edad ronda los 80 y asiste a clases como parte de un proceso de estimulación cognitiva.
Las clases pueden ser individuales o grupales, especialmente a partir de los siete años, donde también se promueve el trabajo en equipo y la socialización.
En los niveles iniciales, el aprendizaje comienza desde el vínculo con el animal. Celeste Puig explica que antes de montar, los niños aprenden a conocer al caballo o pony: lo saludan, lo acarician, lo limpian y participan en su preparación.
“Primero trabajamos desde abajo, para que pierdan el miedo y generen confianza”, señala. Luego, de forma progresiva, comienzan a montar y a incorporar técnicas básicas como el manejo de riendas.
El club cuenta con ponis especialmente destinados a los más pequeños, lo que facilita un acercamiento seguro y adaptado.
Además de la formación inicial, el club ofrece un recorrido completo que incluye equinoterapia, clases recreativas y entrenamiento deportivo.
Los alumnos pueden avanzar hasta niveles competitivos, participando en torneos provinciales y nacionales, con saltos de hasta 1,30 metros.
Un espacio que resignifica la relación con los caballos

En un entorno donde la urbanización desplazó gran parte de la cultura ecuestre, San Alfonso del Talar se posiciona como un espacio que recupera y resignifica ese vínculo.
Para quienes forman parte del proyecto, no se trata solo de un deporte, sino de una experiencia integral que combina aprendizaje, conexión con los animales y desarrollo personal.
“Es maravilloso estar acá”, coinciden las profesoras, que incluso viajan diariamente desde Córdoba para sostener la actividad.
Así, en Mendiolaza, la tradición del caballo no solo se mantiene viva, sino que encuentra una nueva forma de expresarse: con mujeres al frente, formando, enseñando y construyendo comunidad.
Chiara Chialvo , amazona y profesora de escuela Equitacion
Celeste Puig, amazona y profesore de escuela nivel inicial
Ester Zapotoczny, amazona profesora nivel inicial
Carolina Ratti, fundadora y titular de San Alfonso del Talar

