La innovación que transforma un problema en solución

En Sierras Chicas, 3C Construcciones impulsa un modelo innovador que transforma plásticos reciclados en casas bioclimáticas, 30% más económicas y con gran eficiencia energética. El proyecto no solo reduce los residuos y el consumo de gas, sino que también genera empleo local y promueve la organización comunitaria en torno a una construcción más sostenible. Sus proyectos buscan transformar la relación de las personas con los residuos y promover el sentido de comunidad en la región.
Construir comunidad y aprovechar recursos locales
3C Construcciones nació con una visión ambiciosa: resolver de manera integral tres problemáticas que afectan a la región y a muchas comunidades argentinas: la falta de empleo estable, la acumulación de plásticos post-consumo y la necesidad de viviendas dignas. Según Lucas Recalde, uno de los responsables de la empresa, en dialogo con el programa “Se hace tarde” de 102.7 FM Demendiolaza, la propuesta se inspira en las ideas del filósofo y economista alemán Ernest Schumacher sobre tecnologías apropiadas, aplicadas de manera sociotecnológica.
“Todas caen en una sola problemática, que es en el modo cómo nos relacionamos entre nosotros, cómo son nuestras sociedades”, explica Recalde. La empresa plantea que, antes de levantar una vivienda, es necesario fortalecer al individuo y la comunidad, generando empleo local y promoviendo la cooperación entre los vecinos. “Primero es la construcción del individuo a través del ordenamiento que te produce el trabajo. La segunda construcción es la comunidad, y después podemos hacer casas. Pero primero tenemos que tener esas dos construcciones, si no, no tenemos nada”, detalla Lucas, dejando claro que su enfoque va más allá de la técnica constructiva: busca un cambio social y cultural en la forma en que los habitantes de Sierras Chicas se relacionan con el entorno y entre ellos.
De residuo a vivienda: el rol del plástico reciclado
Uno de los pilares de 3C Construcciones es el uso de plásticos post-consumo como material constructivo. Botellas, envoltorios de alimentos y plásticos multilaminados que normalmente se descartan se transforman en placas aislantes dentro de estructuras de madera que cumplen la normativa CIRSOC (Centro de Investigación de los Reglamentos Nacionales de Seguridad para las Obras Civiles). Este enfoque reduce costos, optimiza recursos reciclados y evita la generación de residuos que terminan en basurales y contaminando.
En cuanto al principal tipo de plástico reciclado, Lucas destaca que “hay muchísimo de todos los tipos de plásticos multilaminados que envuelven los alimentos. Sus moléculas son sumamente estables, por eso no migran hacia los alimentos ni se degradan con facilidad”, explica Recalde, en cuanto a la fiabilidad de lo elementos con los que construyen. Los plásticos se enfardan y se utilizan en un entramado de madera, mientras que el revestimiento exterior es tradicional, asegurando resistencia, estética y seguridad.
El sistema no solo es funcional, sino también económico. Según los responsables de 3C, el uso de materiales reciclados y la reducción del peso de las construcciones permite disminuir los costos hasta un 30% sin comprometer la calidad final de las viviendas. Además, Recalde subraya que el proyecto promueve un cambio en la forma de pensar sobre los residuos: “Si no sabemos qué hacer con los plásticos y tenemos necesidad de vivienda, ¿por qué no aprovecharlos? ¿Por qué cargar plásticos a un vertedero y comprar ladrillos que vienen de lejos?”
Eficiencia energética y bioclimática

Más allá de la economía y la sostenibilidad, las casas de 3C Construcciones destacan por su eficiencia energética. Según testimonios de vecinos que viven en este tipo de viviendas, los consumos de gas durante el invierno son mínimos: una garrafa por mes basta para mantener cálida una casa de 130 metros cuadrados. Esto se logra gracias a la orientación bioclimática, que aprovecha la luz solar en invierno y reduce la entrada de calor en verano, y al uso de plásticos como aislante térmico.
“Cuando apagaba la estufa de noche, la casa perdía solo tres grados durante toda la noche. Eso significa eficiencia”, explica Recalde. En verano, el mismo diseño permite que la vivienda se mantenga fresca sin necesidad de sistemas de aire acondicionado, demostrando que la planificación bioclimática y el uso de materiales adecuados pueden generar ahorros significativos y mejorar la calidad de vida.
Reflexión social y organización comunitaria
Para 3C, la innovación no se limita a la construcción. El proyecto también busca generar reflexión y acción social. Recalde compara su sistema con prácticas tradicionales de bioconstrucción y “mingas” de la región, donde la comunidad se unía para construir viviendas colectivamente.
“¿Qué pasaría si nos organizáramos para construirnos nuestras casas? No nos faltan casas, ni tenemos basurales por culpa de que no tengamos una máquina alemana. Es cómo nos organizamos y cómo pensamos”, afirma, invitando a repensar la relación de las personas con los residuos, los materiales locales y la cooperación entre vecinos.
El mensaje de la empresa es claro: los problemas no siempre dependen de políticas externas o de autoridades lejanas. La calidad de vida se construye desde la comunidad y con decisiones conscientes sobre el uso de recursos locales. “¿El problema son los presidentes o somos nosotros? Nuestra calidad de vida tiene que ver con cómo me relaciono con mi vecino y con mi comunidad”, señala Recalde.
Casas hermosas, eficientes y accesibles
El resultado final combina estética, eficiencia y sostenibilidad. Según sus responsables, las viviendas de 3C son visualmente comparables a cualquier casa tradicional, pero con ventajas claras: menor costo de construcción, materiales reciclados, empleo local y eficiencia energética superior.
“Esto es materializar una tecnología que fue pensada para solucionar nuestros problemas. Si lo pensás bien, el plástico no es basura. Podemos hacernos casas hermosas, sumamente eficientes, y hacer un mundo más bonito”, concluye Recalde.
La propuesta de 3C Construcciones representa un ejemplo concreto de cómo la innovación, la sostenibilidad y la participación comunitaria pueden unirse para transformar la vivienda en Sierras Chicas, demostrando que soluciones locales pueden generar impactos positivos en lo social, lo ambiental y lo económico.Con esta propuesta se invita a reflexionar sobre cómo nos relacionamos con los recursos, los residuos y nuestras comunidades. Sus casas son más que estructuras: son un llamado a la acción, a repensar la forma de vivir y a construir colectivamente. A través de su página de Instagram (@3Cconstrucciones), los interesados pueden conocer más sobre los proyectos y sumarse a esta propuesta que combina conciencia ambiental, bioclimática y fortalecimiento comunitario.

