La trayectoria de Ricardo Sahade y los desafíos de la ciencia argentina

Desde Mendiolaza hasta los confines de la Antártida, Ricardo Sahade transformó su vocación por la biología marina en una carrera científica consolidada en el CONICET. Entre campañas, desafíos presupuestarios y proyectos de cambio climático, su historia refleja tanto la pasión por la investigación como los obstáculos que enfrenta la ciencia argentina, y ofrece una invitación a las nuevas generaciones a explorar su vocación científica, a pesar de las adversidades.
El camino hacia la biología marina
Desde Mendiolaza, en Córdoba, Ricardo Sahade, vecino de barrio El Talar emprendió un recorrido poco común: convertirse en investigador del CONICET especializado en biología marina, una disciplina distante para alguien que creció lejos del mar. “Siempre ha sido bastante dificultoso llegar a ese punto de la carrera de investigador de CONICET. Es muy exigente el sistema, en términos de poder obtener la beca”, reconoce, señalando que gran parte de las dificultades “dependen de la inversión en ciencia y tecnología que haga el gobierno de turno, es decir, de una política de Estado”.
Su vocación estuvo clara desde el inicio. “Siempre quise hacer biología marina, lo cual parecía bastante extraño desde Córdoba”, cuenta. La pasión se despertó en la niñez: “Desde niño me tocó ver los documentales de Jacques Cousteau, y vi uno hecho en la Antártida, y dije: ‘yo quiero hacer eso’”.
Ya en la universidad, Sahade cursó Biología en Córdoba, sin abandonar su sueño marino: “a donde uno viviese daba un poco lo mismo, porque las campañas están tan lejos de Córdoba como de Mar del Plata o Puerto Madryn”. El acceso a una beca del CONICET marcó su primer gran hito dando inicio al desarrollo de su doctorado.
Con el tiempo, su experiencia en campañas científicas permitió crear en Córdoba una materia optativa de Ecología Marina: “los estudiantes tienen la posibilidad de acceder a un trabajo real de campo en el ámbito marino”. Esta iniciativa consolidó un grupo de investigación que hoy reúne a unas quince personas dedicadas a la biología marina en la provincia.
“Lo fascinante es poder dedicarse a la investigación”, resume Sahade, quien convirtió un sueño de la niñez en un proyecto científico consolidado desde el corazón de Argentina.
La experiencia en la Antártida

Para Ricardo Sahade, cada campaña científica en la Antártida fue una experiencia transformadora. “Es una experiencia muy enriquecedora. Es un paisaje totalmente diferente a cualquier cosa que podamos imaginarnos”, describe, destacando la singularidad de estos ecosistemas.
El aislamiento formaba parte esencial de la vivencia: “Estás en una base sólo en contacto con la gente que está en la base y eventualmente algún barco que viene y va y nada más. O cuando hacés una campaña en un barco, estás todo el tiempo arriba de ese barco solo con la gente que está allá arriba”. Sobre esta lejanía comenta “me ha tocado en la campaña salir de mi casa del Talar un viernes y el lunes estar trabajando en la base en el Ártico”.
A mediados de los años noventa, la comunicación era limitada y costosa. “Tu única conexión con la gente que estaba de este lado era por radio… y ellos te conectaban por teléfono a tu casa, pero había que pagar esa conexión, que en ese momento además era cara”, recuerda. Hoy, admite, la situación ha cambiado: “En las bases ya hay internet disponible, entonces la comunicación no es como la que teníamos en ese momento”.
A pesar de las dificultades, Sahade subraya que la Antártida ofrece un entorno único, con desafíos científicos excepcionales y la oportunidad de investigar en escenarios que pocas personas en el mundo llegan a conocer, consolidando experiencias que marcan tanto la vida personal como profesional de quienes participan en estas campañas.
El presente del CONICET y la visibilización de la ciencia

Ricardo Sahade describe la situación actual del CONICET como “realmente de extrema dificultad”. Y agrega “El mayor desafío en lo profesional ha sido y es y seguirá siendo enfrentarse con las vicisitudes de las políticas de Estado. Hemos tenido desde ministros de economía que nos han mandado a lavar los platos, hasta que se creara un ministerio de Ciencia y Tecnología… y luego se anulara. Hoy creo que es la peor situación que uno podría imaginarse: no hay prácticamente nada”.
El problema afecta tanto la economía personal de los investigadores como los recursos para llevar adelante los proyectos. “Tenemos gente que tiene becas doctorales que no llegan a 800 mil pesos… la situación económica personal de cada uno es sumamente difícil, aún sabiendo que somos privilegiados en poder estar trabajando”, señala.
El panorama se complica porque “el CONICET es un empleo de tiempo completo, vos no podés formalmente hacer otra cosa. Y además las evaluaciones son muy exigentes. Si no estás plenamente dedicado, podés estar en problemas. Pero además la plata no te alcanza”. A esto se suma la falta de financiamiento: “Ese dinero está prácticamente paralizado hace dos años. En 2024 se ejecutó aproximadamente el 3% del presupuesto, y en lo que va de 2025 no sé si llegamos al 2%”.
Ante esta situación, la cooperación internacional ha sido clave: “Nuestro grupo tuvo la fortuna de trabajar con cooperaciones internacionales que nos han permitido sostenernos y llevar adelante todo”. Sin embargo, incluso esa red se resiente: “Hicimos un encuentro con investigadores de Inglaterra para planear proyectos futuros… y se canceló todo”.
Sahade advierte que esto influye en las decisiones de los jóvenes científicos: “Es muy bueno poder decir: me voy afuera a hacer un postdoc, un tiempo, sabiendo que me esperan a la vuelta. Otra cosa es irte con la sensación de exilio, porque acá ya no tenés la posibilidad”.
En ese contexto, la transmisión de experiencias científicas adquiere gran valor. La misión exploratoria del cañón submarino de Mar del Plata, transmitida en vivo por Youtube, permitió acercar la ciencia a la sociedad. Como afirma Sahade, “la ciencia no es algo que ocurra en otros lados, ni que esté alejado de la vida cotidiana”. Iniciativas como esta refuerzan el vínculo con la comunidad y pueden inspirar nuevas vocaciones, incluso frente a recursos cada vez más limitados.
Cambio climático
Actualmente, el equipo de Ricardo Sahade trabaja en una de las problemáticas más sensibles de la agenda científica: el cambio climático. “Estamos trabajando en un tema tabú y prohibido, casi prohibido, pero es un tabú que es el cambio climático”, explicó, destacando que sus investigaciones se centran en regiones donde el impacto ha sido más rápido, como la Antártida. Allí detectaron que mientras la temperatura media global subió 1,2 grados desde la revolución industrial, en la península Antártica el aumento fue de 5 grados, con consecuencias directas sobre glaciares y ecosistemas. Su grupo fue “el primer equipo de investigación en el mundo que reporta un caso específico así de cambio”, al observar transformaciones aceleradas en comunidades del fondo marino debido al retroceso de glaciares, que liberan sedimentos y alteran la estabilidad de los ecosistemas.
Además, analizan cómo estos ambientes, que cumplen un rol clave al capturar dióxido de carbono, ven comprometida su capacidad de mitigar el calentamiento global cuando el mismo cambio climático los deteriora. El equipo desarrolla proyectos en la Antártida, el Ártico y áreas subantárticas como el Banco Burdwood y el Canal Beagle, donde también colaboran en la gestión de áreas marinas protegidas. Allí generan “indicadores biológicos, ecológicos e indicadores de gestión” que permiten evaluar políticas públicas y asesorar a los gobiernos frente a desafíos ambientales.
Un llamado a las y los jóvenes a explorar la vocación científica
Para Sahade, a pesar de los desafíos presupuestarios, la incertidumbre política y las dificultades que atraviesa la ciencia en Argentina, la invitación a los jóvenes es clara: “Invitaría a que sigan si ya lo tienen, o que si se les despierta la vocación por la investigación, la lleven adelante”.
Resalta que el sistema universitario argentino, gratuito, público e inclusivo, sigue estando “a la altura del que se te ocurra elegir del mundo”, y que transitar sus espacios ya constituye una experiencia enriquecedora. Su mensaje final es un llamado a la perseverancia, al entusiasmo y a aprovechar las oportunidades que aún existen, recordando que la vocación científica permite cumplir sueños y generar impacto, incluso en un contexto de adversidad.

