Murió Ramona Galzara, la voz de Albérico Mansilla

La artista correntina grabó un disco íntegramente dedicado a la obra del poeta de Mendiolaza.

Reproducimos a continuación lo que Albérico Mansilla escribió sobre cada uno de los temas que integraban a aquel disco y que figuró en la contratapa.

Abajo, el link para que puedan escucharlo.

Viejo Paraná:
No hace mucho le decía a ese increíble creador Ramón Ayala que quién quisiera bogar por el río Uruguay debería pedirle permiso a él, a quién yo consideraba el dueño de la selva y el río, en Misiones.
En ese tono de seriedad y broma alguna vez me creí con derechos sobre el río Paraná por haberle cantado. No sabía, claro, que el viejo río ya tenís propietaria: Ramona Galarza

Bella Vista:
Aquí hay que hablar de esas motonves que hacían el viaje fluvial hasta Asunción, de un pasajero que cumplía el trayecto de Esquina a Corrientes y del arribo, en regular escala, al puerto de Bella Vista. La impresión causada por sus barrancas de tierra colorada al caer la tarde, las filas interminables de naranjos en plena floración y un perfume que parece ser el aire natural de la región dieron nacimiento al tema. El romance no pasa de ser un recurso literario de un autor presumido.

Sauce:
Eran los años juveniles y esa era la única disculpa que teníamos Romero y yo para dedicarnos al trabajo vocacional. Cuando el público de Corrientes ya no nos soportaba, salíamos a recorrer la provincia. Y siempre, en los finales de fiesta festejábamos el que, sanos y salvos, llegáramos al final. Romero interpretaba al piano una polca que dedicara a su lugar de origen y que no tenía letra. En una de esas giras llegamos a Sauce, encantador pueblito que me motivó para hacerle unos versos a la música de Romero. Con lo que se resintieron los finales de fiesta, ya que, desde entonces, todo el elenco la emprendía contra esa polca en perfecta desarmonía.

Aguas del Litoral:
En cualquier otro lugar los ríos son accidentes más o menos benéficos que complementan la topografía regional y que, llevados al mapa no pasan de ser unas rayitas que en muchos casos ni siquiera se trazan. En el Litoral, en cambio, lo accidental y accesorio es la tierra, amontonada a la vera de sus ríos. El tema parece escrito por alguien que, sentado a las orillas de sus múltiples cursos, se pasó horas mirando pasar sus aguas. Y así es en efecto. Fueron horas de aparente ocio que dejaron en la mirada como un permanente fluir de imágenes presentes en todo cuanto uno escribe. Moncho Sánchez Ojeda, que manejaba mejor la guitarra que el torno de dentista, valorizó los versos con su música.

Se apagó la luna:
Toda obra hondamente sentida es el producto de la nostalgia. Este tema, que compendia la visión de muchos paisajes y que, más que una descripción o la pintura de un recuerdo es un estado de ánimo, nació en la ciudad de Córdoba, lugar donde también residía el increíble autor de la melodía, Sánchez Ojeda. Ahora se me ocurre pensar que la añoranza nos accede en circunstancias en que estamos totalmente huérfanos de todo aquello que añoramos. Y residiendo en Córdoba es casi una fatalidad que uno piense en la selva, el aborígen guaraní y la luna colgando de un árbol.

Niñorhupa:
Recuerdo que en Caá Catí y en la casa en que vivía un niñorhupa me seducía con su delicado aroma y su leyenda vinculada al niño y su cuna.
Debió haber sido en alguna Navidad cuando se me ocurrieron los versos a los que Romero enriqueció con su verdadera canción de cuna que, además de Ramona, cantó Jorge Cafrune cuando le nació una hija.

Viejo Caá Catí:
Salimos temprano, de mañana cubiertos con impenetrables ropas brasileras. Llevábamos arreando una tropa de 18 vacunos (me sorprende recordar todavía la cantidad) desde Caá Catí a Pañlmar Grande, camino a Mburucuyá. Mucho más tarde, ya en Córdoba ese entrañabñe recuerdo de la lluvia, el camino arenoso, mi experimentado compañero y los 18 vacunos me llevó a escribir los versos. lo demás lo hizo Romero Maciel.

Lunita de Taragüi:
La luna es hermosa y sugerente en medio de todos los paisajes -menos en la luna. Pero cada entorno le presta una distinta personalidad si es que, con alguna licencia, le podemos considerar persona. Yo pensaba en esto cuando, sobre el perfil de las oscuras islas, la veía desde la Costanera reflejarse en el Paraná. Y decidí que, como la de otros lugares, la luna de Corrientes debía tener su encanto propio. Después vinieron otros mejores, pero yo fui el primero. Y aunque esta circunstancia solamente valga en las competencias deportivas me consuela pensar que, como en la vida sentimental de las mujeres, la luna me recuerda con preferencia.

Corrientes Cambá:
El implacabñe calor del verano correntino puebla, casi todas las noches, la costanera. esa ancha lonja asfaltada que penetra con sus puntas,cada tanto, el cuerpo del río. Yo no quería quedarme solo en la ciudad abandonada, y también iba a respirar el aire paraguayo que el lomo del Paraná refrescaba un poco. Unanoche la velada se extendió más que de costumbre y por fin pude averiguar de que lado asomaba el sol cuando amanecía. El prodigio del astro emergiendo de las aguas asociado alas leyendas que se tejían entorno alosmorenos que alguna vez se bañaron enlas cercanías dió nacimiento a esta rememoración delas tamboras, el río y los negros del Cambá Cuá.

Corrientes en flor:
El desolado paisaje que el otoño y el invierno deparan a otras regiones del país es desconocido en Corrientes. Como esas bandadas de pájaros que en cada temporada precisa se van sucediendo unas a otras para no dejar al año despoblado de aves, así las floraciones alternan su presencia en las calles correntinas y le dan un permanente colorido. Imaginé, por ello, una canción que debían cantar los niños de las escuelas. Pero Ramona, que nunca dejó de ser miña, le dió otro destino. Y los chivatos y los samohú y los lapachos siguen floreciendo, pero los escueleros prefieren escucharla a la Ramona.

Cambacito:
Romero recordaba siempre con cariño como se recuerda a estos pacientes juguetes de nuestra infancia, a un perrito que en, en Sauce, le había alegrado sus primeros años. Su nombre, haciendo alusión a su pelo oscuro, era Cambacito. Cuando Romero llegó a ser director del teatro vocacional, en un gesto obsecuente que tendía a lograr mejores roles en el reparto, le escribí unos versos al animalito que había sido “como de su familia”. Sospecho que Ramona, al cantarlo, jamás imaginó que estaban dedicados a un irracional.

Alberico Mansilla

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